Suena muy bonito pero… ¿qué es en realidad estar en armonía con el universo? A menudo nos parece una frase esotérica y misteriosa que entraña algún secreto. Como muchos otros conceptos que maneja la humanidad, cada quien tiene una interpretación de lo que ello significa. Pero para evitar una larga lista de definiciones y simplificar las cosas, diremos que el consenso señala que dicha armonía consiste en mostrar gratitud y estar contentos con lo que la creación o el cosmos nos han reservado. Tanto en la buena fortuna como en los infortunios. Es sentir empatía hacia la naturaleza, una convergencia con ella a través de nuestra forma de sentir, pensar y valorar.

Tal consonancia con lo que nos rodea nos brinda un funcionamiento óptimo en todos los niveles de salud física y mental. La concordia con la naturaleza implica libertad de acción y de iniciativas.

Se ha llegado inclusive a afirmar que el hecho de estar en armonía con el universo nos ayuda a conocer cuál es nuestra genuina misión en la vida. La conexión con el cosmos nos proporciona respuestas a mensajes ocultos, sincroniza señales y nos hace sentir más satisfechos. Uno se considera responsable de su felicidad y se deja de adjudicar faltas al prójimo por los reveses que se nos presentan en la existencia diaria.

Una de las bondades que se obtienen al vivir en equilibrio absoluto es la aceptación de nuestro ser y nuestras emociones. Se deja de estar catalogando como buenos o malos nuestros sentimientos o, por lo menos, aprende uno a manejarlos reconociendo que no somos perfectos y que de cuando en cuando una zona oscura en nuestro interior suele agrandar el espacio que ocupa.

Al estar en armonía también es posible dejar de cargar el lastre de la culpa que, por lo general obstaculiza nuestro bienestar y nos impide el disfrute de las cosas más inofensivas. El sentimiento “culpígeno” constituye uno de los principales bloqueos de energía que puede experimentar una persona, y que por lo general, hacen que alguien sea fácilmente manipulable a causa de su sensación de menoscabo como ser humano.

Pero como ya hemos señalado, tal vez la sensación más vehemente que uno experimenta al estar en armonía con el universo, es la gratitud plena que nos hace desbordar a un mismo tiempo de felicidad y paz interna. Uno se da el lujo de ya no tener miedo al decir “sí” o “no”.