El hogar suele verse como un remanso, un refugio contras las batallas exteriores de la vida. La protección que uno necesita cuando menguan las fuerzas, cuando uno se siente acorralado por los problemas que parecen imposibles de ser resueltos. Un sitio que brinda amparo contra todo y contra todos. Un territorio para reparar el ánimo que se ha quebrantado y tal vez, amedrentado. Un respiro para reponerse y seguir adelante. Una tregua. Para renovar el ímpetu, nada como el sosiego hogareño.

Es en el hogar donde se aprende a vivir y construir la paz; es allí donde los padres tienen la enorme responsabilidad de enseñar a los hijos la manera de comportarse, de tratar a los demás y de resolver los problemas. Contrario a lo que muchos creen, la paz no es la ausencia de la guerra, ni es solamente el respeto a los otros.

La paz se vive al tener un verdadero sentido de justicia y· cuando no nada más se reconocen los propios derechos sino también los de los demás.

No se debe confundir la paz con falta de alboroto. La paz puede existir en medio del bullicio. En una familia se acepta el conflicto como parte necesaria de la vida cotidiana. La convivencia implica algo de roce entre unos y otros pero se asume una actitud constructiva.

Pero no se debe olvidar que las tormentas de mal humor nos cierran a la concordia; en cada hogar hay detalles que podrían parecer insignificantes o pasar desapercibidos que son fundamentales para la buena marcha de la vida familiar porque evitan desavenencias.

Eso no significa que todo esté perfectamente recogido en todo momento, que se siga una rutina a la perfección todos los días y que cada comida sea de por lo menos tres platos. No es el orden en sí lo que hace que un lugar se transforme en un hogar pacífico (aunque cierto orden sea necesario) sino que haya detalles que demuestren la buena voluntad que une a la familia, cosas que se hacen para que otros pasen un día mejor y que la familia esté en paz.

El pertenecer a una familia fuerte y unida es el mejor legado que se puede dejar a los hijos y a las futuras generaciones. Esto se lleva muy adentro y vale más que el dinero, el poder o cualquier otra riqueza. Se debe procurar el construir familias buenas de verdad y así se podrá establecer una verdadera paz.