No se trata de vivir una existencia plena de disipación y placer, sino de alcanzar un grado de realización personal mediante la soltería. Mientras que alguno y algunas quieren deshacerse de ella lo más pronto posible, otros luchan por preservarla incluso a base de decisiones dolorosas. Para muchos el ser soltera(o) es un estado deseado pero para otros más es una frustración al no encontrar a su pareja ideal. Lo cierto es que no hasta hace mucho, el permanecer sin pareja, no casarse, no era algo muy bien visto. Al no contraer matrimonio una persona era tildada como un fracaso, alguien inadaptado o proclive a la eterna diversión vulgar. La mayoría de los juicios que se emiten en torno a los pros y los contras de la soltería se fundamentan en un criterio falso. No es lo mismo ayer que hoy.

Pensándolo bien, ¿qué tiene realmente de malo vivir y disfrutar de la soltería? Basándonos en que existe una idea predispuesta desde el inconsciente de la sociedad de que hace falta una pareja para estar de buen humor, para realizar el mayor logro de la vida, para compartir las cosas que valen la pena o al menos para no parecer una persona rara ─o volverse la “enemiga” de las personas con pareja─, podría decirse que el corazón de ese miedo a la soltería es que el amor de una pareja es necesario para el éxito.

Realizar un pequeño proceso de introspección o análisis acerca de dónde nos encontramos, con quiénes estamos ─amigos y familiares─ e incluso nuestras propias actividades cotidianas, decisiones o rasgos de personalidad, puede ser siempre benéfico para estar en paz y amar a la soltería. ¿Las personas de nuestro alrededor nos motivan a cumplir nuestros sueños o nos intoxican y estancan?

¿Nos suelen dar críticas negativas y recurrentes sobre uno mismo o promueven la autonomía e independencia personal?

Hoy en día existe la moderna versión de las relaciones entre el hombre y la mujer están experimentando una apertura a variedad de formas nuevas, prácticamente desconocidas en nuestro ámbito cultural. Las vidas de los solteros/as merece tanta consideración y aprecio como las de los casados/as. La vida del soltero, dentro de la sociedad de hoy en día, constituye en estos momentos una experiencia psicológica y social bajo muchos conceptos nueva que tiene poco que ver con la soltería de otros tiempos.

Ni el matrimonio ni la soltería son obligatorios.