No queremos que este texto se convierta en una serie de argumentos de contenido pueril como si se tratara de un póster para la habitación de un adolescente, enmarcando flores o un bello amanecer en el horizonte, cargado de frases “bonitas” al estilo del mentor espiritual que esté de moda. Tampoco vamos a escudarnos en la vieja premisa de: quien no se ama a sí mismo no es capaz de amar a nadie. No.

Un amor propio bien entendido es un mayúsculo valor moral e íntimo. Se habla de un amor íntegro que involucra el cuerpo, el espíritu y la mente.

La persona que se ama a sí misma se vuelve grácil y elegante. Quien se ama a sí mismoes proclive a ser silencioso, con gusto por la reflexión y con una preponderancia por lo que resulta introspectivo.

El orgullo en cambio, es una protección que uno se da para evitar que nos hagan daño o nos quieran humillar. Desde luego aquí entra en consideración un tema de semántica, ya que no es lo mismo decir: “me siento orgulloso de haber terminado mis estudios”, que “no le llamé por teléfono por orgullo”. El límite entre el orgullo bien asimilado y el amor propio es muy sutil, pero existe.

A muchos nos educaron en la infancia bajo los preceptos: “ama a tu prójimo como a ti mismo”, o bien, “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”. Son premisas que reflejan el proceder más sano de nuestra conducta.

El amor propio se obtiene de las oportunidades para equivocarse y aprender, para manifestarse y ser, para magnificar y sentir a fondo nuestras experiencias internas y externas. Es el aprecio de las propias facetas y habilidades racionales e intuitivas confiando en ellas, es decir, en uno mismo. Se produce a través de la realización personal y el equilibrio.

Dado que a lo largo de toda nuestra existencia no habrá modo de prescindir de nuestra compañía, es conveniente el aprender a quererse un poco uno mismo con el fin de disfrutar esa presencia. Si se siente incomodidad, es que algo no funciona y se debe solucionar, de otra manera una serie de días solitarios estará a la vuelta de la esquina. Si uno se desaprueba en forma continua, al igual que toda en toda relación, habrá una ruptura que tal vez sea la más dolorosa de todas.

“Amarse a uno mismo es el comienzo de un romance para toda la vida” (Oscar Wilde).