Las parejas de hoy en día, parece que han optado por convertir lo privado en algo público. Se diría que la propagación de las cosas más íntimas en el seno del matrimonio se ha convertido en síntoma de modernidad. Cuando hablamos de lo “íntimo” entre cónyuges no nos referimos a la celebración de una boda con pocos invitados, sino a la vida cotidiana de dos personas con cierto nivel de secrecía en las cuestiones más personales.

Dentro de las paredes de una casa, los esposos tienen una vida confidencial dentro de algunos límites y así debe mantenerse. Aspectos delicados deben ser conocidos solo por ellos: vida sexual, enfermedades, problemas de comunicación, circunstancias económicas, etc. No hay razón para que toda la comunidad esté al tanto de todo como si se tratara de chismes de estrellas del espectáculo. Tal vez se crea que es un posición conservadora en exceso, pero se trata solo de conservar cierta reserva sobre algunos temas que solo atañen a la pareja y, si acaso, a una o dos personas del círculo más cercano a ambos.

La intimidad matrimonial ─y por lo tanto, sintonía─ se alcanza en toda su plenitud cuando cada esposo aprende a compartir y a conectarse con el otro en cuatro áreas: la emocional, mental, espiritual, y física. Es algo mutuo.

Por lo general, las mujeres buscan la satisfacción de la conexión emocional y desean saber que los sentimientos son valorados y compartidos en todo vínculo amoroso.

Los hombres están hechos de una manera diferente, albergan otras expectativas de un vínculo matrimonial y tienden a experimentar los más altos niveles de contacto íntimo a través de la compañía, las actividades, y las formas de trato físico.

No hay necesidad de “compartir” con medio universo hasta la más mínima novedad en materia de convivencia marital. La comunidad no tiene por qué estar actualizada en cuanto a todos los detalles de la vida en pareja.

La pareja debe comprender que su vida íntima no es algo accesorio, marginal o prescindible.La intimidad conyugal no es algo estático, es un proceso dinámico que crece, se desarrolla, se mantiene y profundiza en el amor permanente. La pareja debe con gran prioridad, dedicar tiempo para estar juntos, para conversar, para compartir ilusiones y sueños, para remozar y reafirmar constantemente sus sentimientos.

La intimidad conyugal no es un estado que se empobrece con el paso del tiempo, más bien es un proceso permanente, nutrido con participación de ambos cónyuges.