Desde luego, hay mucha subjetividad en el tema. Los enemigos de la familia son muchos y variadosy en su ponderación intervienen los criterios de cada quien. Pueden existir puntos de vista diametralmente opuestos: el pecuniario, el religioso, el moral, el educativo, etc. Algunos enemigos pueden ser muy sutiles y otros muy evidentes.

Uno de esos enemigos son las influencias dañinas. Estas pueden estar disfrazadas de hábitos que envenenan a todos los integrantes del núcleo.Tanto el internet como la televisión pueden ser buenas herramientas de entretenimiento y placer, sin embargo pueden traer al hogar contenido destructivo. A esto hay que agregarles las prolongadas jornadas de trabajo o la falta de tiempo que mantiene separados a hijos y padres de la familia. Estos son enemigos muy sutiles.

Otro enemigo son las relaciones poco saludables. No todas nuestras amistades aportan o influyen positivamente en nosotros. Algunas son auténticas plagas que contagian toda su peste como en la Edad Media. Comparada con estas “compañías”, la peste bubónica pudiera parecer un simple resfriado.A veces lo conceptos del matrimonio, la vida y la familia son superficiales para estas personasy pueden influir en nuestro pensamiento e incluso en nuestros actos.Cualquier persona que socave un matrimonio no merece recibir el título de amigo o amiga.Para muchos vivir la vida consiste en echar a perder la vida de los demás.

Vivir la vida echando a perder las de los demás ha crecido hasta ocuparlo todo e infiltrarse en el ámbito más salvaguardado: la familia.

Un enemigo muy actual: el hedonismo consumista que todo lo basa en la satisfacción inmediata de cualquier deseo social y publicitariamente inducido. La apatía de masas que ha socializado una desesperación y un vacío que generan frustración, violencia e incomunicación.

Un enemigo muy común: el egoísmo o la actitud individualista. Solo importa lo que uno siente o experimenta. Uno es el centro del universo. Lo más importante es lo personal sin tener en cuenta las circunstancias del prójimo. Las personas que solo utilizan un pronombre: “yo”.

La familia de nuestro tiempo se ve obligada a luchar contra la imposición de una mentalidad inmisericorde, centrada en el placer y cerrada en el horizonte de este mundo. No es fácil batirse contra enemigos que tienen poder, dinero e influencias.