No hablamos aquí tan solo de las adicciones típicas como el alcohol y el tabaco. En nuestro mundo de hoy existen múltiples drogas, de las cuales quizá no hayamos escuchado hablar. Así como otras que parecen popularizarse de pronto como si siguieran una especie de moda, las metanfetaminas, por ejemplo.

Sabemos muy bien que el cerebro es uno de los órganos más afectados por las adicciones, y tal vez sea el primero en sufrir las consecuencias. Las drogas pueden ocasionar en él daños permanentes, en virtud del modo en que está configurado y su composición química.

El alcohol, la marihuana y la cocaína afectan la memoria de modo paulatino pero grave. La cocaína, incrementa el riesgo de un ataque al corazón así como problemas de ansiedad y paranoias agudas.

Los alucinógenos como el LSD, droga que se hizo muy popular en los años setenta del siglo pasado, distorsionan la percepción y sus efectos en el cerebro pueden ser muy duraderos y a veces propician el que una persona asuma riesgos inútiles y genera psicosis.

Los efectos de las drogas también pueden abarcar enfermedades pulmonares o cardíacas, embolias, cáncer o problemas de salud mental, por no llamarle locura. El opio puede causar la muerte, las metanfetaminas, además de daños al cerebro, ocasiona problemas dentales graves. El consumo de drogas también puede aumentar el riesgo de contraer infecciones. Al compartir elementos que se usan para la inyección o consumo de drogas como cucharas y jeringas, propicia el tener relaciones sexuales no seguras (debido al deterioro de la capacidad de juicio), es posible contraer el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) o el de la hepatitis C (una enfermedad hepática grave).Las drogas y las enfermedades mentales con frecuencia están emparejadas, coexisten. En algunos casos, trastornos mentales como la ansiedad, la depresión o la esquizofrenia pueden surgir antes de la adicción; en otros casos, el consumo de drogas puede desencadenar o empeorar ciertosdaños de salud mental que se van agravando, particularmente en las personas que tienen algunas vulnerabilidades específicas de conducta y que no son muy fuertes de carácter. Ni siquiera con la ayuda de expertos les es posible dejar una adicción hasta que sobreviene la muerte.

Los efectos de las adicciones, cualquiera que éstas sean, son tan nocivos que no permiten el disfrute verdadero de la vida. Tal vez proporcionen un grado de satisfacción momentáneo, pero a la larga la dependencia se vuelve contra la persona que observa una adicción específica.