Suele decirse que la buena educación es todo un patrimonio.Y aunque se repite hasta la saciedad: “La mejor herencia es una buena educación”, lo cierto es que tal precepto muy pocas veces es seguido por los padres.

Una buena educación no consiste en pagar con puntualidad las cuotas de una escuela privada ni enviar a los hijos a la universidad más cara del país o el extranjero. El término implica una formación global, incluyente que abarca conocimiento, sabiduría y la incorporación de valores que sean perdurables.Una educación con valores es necesaria y urgente, no para volver al pasado, sino para continuar con un rumbo.El conocimiento que una persona obtiene a través de la educación que tiene en casa es lo que va forjando su desarrollo físico y mental, así como sus oportunidades de crecimiento.

La educación es, si no la base principal para el crecimiento y mejora de la sociedad, sin duda uno de los factores de mayor impacto en las oportunidades personales y profesionales que una persona puede tener.

Lo importante no es solo adquirir conocimientos sino saber aplicarlos a la vida diaria de manera útil, responsable y eficaz. De un modo fructífero. Pero hay un problema: a nivel mundial, 7 de cada 10 estudiantes no comprende lo que lee (si es que lee). La pregunta ya no es cómo va a aplicar tales facultades, sino ¿cómo va a adquirir conocimientos si no capta nada?

¿Cómo lograr que los hijos, sin importar su ubicación geográfica, ni sus condiciones socioeconómicas, integren los nuevos conocimientos de manera eficiente para construir un mejor futuro?

¿Será que eso de la educación es un mito? ¿Una fábula para lavarle el cerebro a la sociedad que por lo general acepta como ciertos algunos valores por ser parte del rebaño? Los padres y madres de familia siguen confiando en forma abrumadora y casi unánime que la educación dará mejores oportunidades a sus hijos. El adiestrar el talento rinde frutos por lo general, para eso hay teoría y práctica. Hay que saber entrenar al cerebro. Tanto el talento como la firmeza de carácter y la voluntad son aspectos de los hijos que pueden aprenderse.

Sí, la mejor herencia de padres a hijos es una buena educación, pero tengamos en cuenta y no hay que olvidar que las buenas calificaciones no garantizan una buena educación. Esta también abarca los fundamentos que se crean en el hogar.