El síndrome X frágil es una enfermedad genética que provoca dificultades de desarrollo incluyendo problemas de aprendizaje y retraso mental. Para puntualizar diremos que constituye la forma hereditaria más común de retraso mental en hombres y una de las más importantes en mujeres. Se ha calculado que la frecuencia de personas con este mal es de1 de cada 4.000 hombres y 1 de cada 8.000 mujeres. Tal impedimento puede ser leve o muy serio. La afección es provocada por un gen específico. Por lo común, el gen elabora una proteína necesaria para el desarrollo cerebral. Pero un defecto en este gen hace que una persona produzca poco o nada de dicha proteína. Esto resulta en el síntoma de X frágil. No tiene cura. Es posible tratar algunos síntomas con terapia educativa, de la conducta o física y medicinas. Muchos padres lo primero que notan tras el nacimiento de su progenie y conforme crecen, es cierto retardo en el progreso de sus bebés o niños pequeños. Las personas con este trastorno suelen presentar ansiedad y comportamiento hiperactivo que se traduce como inquietud, exceso de movimientos físicos o acciones impulsivas. Otros síntomas son: problemas de inteligencia que pueden ir desde conflictos para el aprendizaje hasta la discapacidad intelectual grave. Trastornos emocionales y sociales, como la agresión en los niños o la timidez en las niñas. Dificultad para el habla y el lenguaje, en especial entre los adolescentes masculinos. Los médicos suelen usar muestras de sangre para diagnosticar el X frágil. El profesional de la salud toma una muestra de sangre y la envía a un laboratorio, donde determina el estado del gen problemático. No existe un tratamiento único para el síndrome del X frágil, pero existen algunos que ayudan a minimizar los síntomas de la enfermedad. Un buen augurio y, tal vez muestra de que mucho puede hacerse, es que las personas con X frágil que reciben la educación, los servicios terapéuticos y los medicamentos pertinentes tienen más probabilidad de hacer uso de todas sus capacidades y habilidades. Mucho importa y tiene que ver la intervención de la familia en una etapa temprana, tan pronto como se detecta la anomalía genética. En virtud de que el cerebro de un niño pequeño aún se halla en etapa de formación, un involucramiento temprano brinda a las criaturas el mejor comienzo posible y con mayores expectativas de desarrollar un rango completo de destrezas. Cuanto antes el niño con síndrome reciba tratamiento, más oportunidades de aprendizaje tendrá.