La belleza femenina es una especie de feromona visual: moviliza las hormonas sexuales masculinas y hace que los hombres entren en celo. Cuando esto sucede, el hombre se vuelve más ingenioso, más atrevido, más atento y tiende a coquetear. O dicho de otro modo, una mujer atractiva, así como una flor llamativa, se verá siempre rodeada de una caterva de hombres orquesta (principalmente) y por otro grupo de hombres en “modo normal”, que no se verán significativamente influidos por su belleza.

Aunque los humanos son, como otros mamíferos, criaturas más olfativas que visuales en su selección sexual, la cuestión óptica tiene una gran influencia.

El efecto que provocan las mujeres atractivas sobre los hombres no sólo es de naturaleza olfativa sino también visual. Algunos científicos creen que no tenemos feromonas de atracción sexual, sino que nos basamos en actitudes sociales y señales visuales, que son mucho más importantes y enriquecedoras que una señal química.

Los primates, al ganar la visión en color, perdieron los genes del llamado órgano vomeronasal, encargado de detectar las feromonas. Sin embargo, esto no quiere decir nada, ya que los ratones utilizan este órgano pero también pueden ser receptores de las feromonas por otros medios. Aunque está claro que el ser humano es mucho más visual que olfativo.

Ahora bien, si sólo encontraran pareja los más atractivos, los individuos de las diferentes especies serían todos igual de guapos; y eso es algo que se aleja bastante de la realidad. Por lo general, ya sea en humanos, pájaros, peces o insectos hay individuos con aspectos muy diferentes, y por lo general cada uno de ellos encuentra tarde o temprano su media naranja. Este hecho denota que la belleza o el aspecto físico no son factores determinantes a la hora de buscar pareja. En este ritual entran en juego otros mecanismos de seducción, como la palabra en humanos, un buen cortejo en pájaros o, en el caso de muchos insectos, la secreción de feromonas; sustancias que permiten a los machos detectar el olor de las hembras incluso a 20 kilómetros de distancia. Pero la cuestión visual es también muy importante para los hombres y a menudo, algo crítico.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que la belleza desde lo visual también depende del concepto estético de cada quien. Una mujer puede considerar a un hombre “guapo” y otra puede pensar de él que es “feo”. También es un hecho que los ejemplares menos agraciados se beneficiaban de los más agraciados y viceversa. A modo de ejemplo, se ha comprobado que cuando se sitúan cerca una mujer de la otra, siendo una poco atractiva y una muy atractiva, el hombre tiende a guiarse, no por lo visual sino el olfato, y a quedarse con la menos agraciada por el olor, dejando de lado el aspecto físico. Una rivalidad clásica entre lo óptico y lo olfativo.