Se ha hablado tanto de ello que parece un tema agotado, sin embargo, no hay inconveniente en aportar detalles extra al respecto. Al menos para asustarse un poco más y no permanecer ajenos a un problema que tanto nos atañe y, al que sin duda contribuimos para su expansión.

De acuerdo a los datos de la Organización Mundial de la Salud, más del 90% de la población en el globo terrestre radica en lugares en donde no se respetan los niveles recomendados de pureza en el ambiente. La atmósfera contaminada en las ciudades y zonas rurales de todo el mundo provoca cada año 4,2 millones de defunciones prematuras. La mayoría de las enfermedades que las ocasionan son respiratorias obstructivas y cardiovasculares sin omitir el cáncer.La contaminación del aire se convertirá en la principal causa ambiental de mortalidad prematura en el mundo. Se calcula que hacia 2050 el número de muertes prematuras derivadas de la exposición a partículas suspendidas aumentará más del doble.

La niebla tóxica que flota por encima de las ciudades es la forma de contaminación del aire más común y evidente.El dióxido de carbono, el cual es un gas de efecto invernadero, es el contaminante que está causando en mayor medida el calentamiento de la Tierra (aunque también hay causas inevitables propias del planeta y el universo). Todos los organismos vivos emiten dióxido de carbono al respirar, pero se le considera contaminante cuando se asocia con automóviles, aviones, centrales eléctricas y otras actividades que requieren el uso de combustibles fósiles como la gasolina y el gas natural. Durante los últimos 150 años, estas actividades han enviado a la atmósfera dióxido de carbono suficiente para aumentar los niveles de éste por encima de donde habían estado durante cientos de miles de años.Además, es probable que se suscite un cambio climático más perjudicial, ya que se prevé que las emisiones globales de gases de efecto invernadero se eleven en 50% debido al incremento de 70% en las emisiones de CO2 relacionadas con la generación de energía.

El denso e incesante tráfico, unido a fábricas que no controlan sus emisiones, convierte el aire de ciudades de todo el mundo en auténticas nubes de esmog.

Además de la contaminación del aire exterior, el humo en interiores representa un grave riesgo sanitario para unos 3,000 millones de personas que cocinan y calientan sus hogares con combustibles fósiles y carbón.

¿Qué impide tomar medidas y motivar un cambio real en gobiernos y en los hábitos de la ciudadanía?